lunes, 26 de mayo de 2014

LAS CIUDADES MÁS BELLAS DE ESPAÑA: ALEROS


LOS ALEROS
Resguardaban la fachada de las fuertes lluvias. Y al hermanarse con el edificio de al lado formaban unos entrantes y salientes que protegían balcones y ventanas.
Habían surgido por una exigente puesta en equilibrio del entramado del sobrado. Y al vencerse se sostenían unos con otros.
Los ventanucos por donde entraba el heno por medio de una singular polea, exigían no tener vértigo.
¿Y las tejas? Tan unidas, unas con otras  por el peso de la piedra que las sostiene que sólo el humo del sequero y el paso del tiempo  podrían dañarse en su estado.
El viento se colaba y silbaba, pero no podía con el viejo portón que se había salido de su aldaba.
En la calle la oscuridad era acogedora en los días de fuertes lluvias. Se podía estar en las puertas de sus casas y cuadras, viendo caer el fuerte chaparrón sin que el agua, ni siquiera la que salpicaba, entrara dentro de sus portales.
En días de cielo azul, los rayos del sol se descolgaban por la fachada, jugueteaban con el humo que salía de los sequeros. Instantáneas que solo el ojo, que es el mejor pintor, ha podido captar y que la memoria ante los nuevos cambios de construcción tiene el privilegio de poder recrear.
“Y cerrando los ojos-dice Unamuno en su libro Andanzas y visiones españolas- veo las negras calles de La Alberca, los balconajes de madera, los aleros voladizos de sus casas, las mujeres sentadas en el umbral de las puertas y los niños jugando en la calle, y allí, en la fuente, una moza llenando el cántaro. Y corre la vida, como el agua de un arroyo que baja de la cumbre entre guijarrales.”
Y nosotros podemos volver a los colmienzos de este reportaje, sobre las ciudades más bellas de España y ver la plaza del pueblo con   esa señora que cose concentrada en su labor. ¡A qué la paz que transmite se envidia hoy, hasta en el mismo pueblo!
“Y los hombres- siguiendo a Unamuno- miran al cielo, por si llueve sobre la tierra”.
Hoy, podríamos decir que en nuevas formas de vida que revitalicen su esencia tradicional pero que no caigan en un triste muestrario de pueblo-museo alejado del sentir y forma de vivir de sus gentes y costumbres.


















































































































































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