domingo, 27 de abril de 2014

LAS HURDES O EL HONOR DE ESPAÑA- EN LA DÉCADA DE LOS SESENTA-

LAS HURDES O EL HONOR DE ESPAÑA- EN LA  DÉCADA DE LOS SESENTA

Al sur de la provincia de Salamanca, pasando La Alberca y a unos metros del Valle de las Batuecas, entre olivos, pinos, brezos y jara; en un profundo y escabroso laberinto de valles y montañas, se abre una de las puertas –para nosotros la más interesante- que da entrada a la región cacereña des Hurdes. En unos kilómetros hemos pasado de un pueblo, esencialmente histórico: calles, plazas, fiestas, trajes y costumbres. A un pedazo de tierra que ha estado durante largo tiempo “al margen de toda historia”. Las Hurdes.
La tierra sin tierra, sin pan, la tierra de “jambri”.
Donde la pobreza, el aislamiento, el bocio y la enfermedad anidó  muchos años junto al hombre.
TIERRA SIN TIERRA
A medida que vamos internándonos  en su amplia comarca, se va palpando lentamente la realidad del medio, pizarra y roca,, más pizarra, todo roca.
Dejamos atrás Las Mestas, el Ladrillar, Vegas de Coria, el Rubiaco,… pueblecitos del mismo corte y perfil que tantos otros de la España de los años sesenta del subdesarrollo y que la emigración se encargó de mermar.
Nuñomoral, es la capital de las Hurdes Altas, de las aún tristes y paupérrimas Hurdes.
Buscando el nacimiento del río Hurdano, los Casares. Y en torno al mismo un puñado de míseras y desperdigadas alquerías: La Huetre, la Segur, Las Eras,…
Al otro lado de Nuñomoral, El Cottolengo del Padre Alegre- centro hospitalario y asistencial. Junto al bellísimo meandro que hace el Río Malvedillo las tres alquerías más tristes y paupérrimas que se puede uno imaginar: Martilandrán, El Gasco y La Fragosa.
Esta zona de las Hurdes altas es donde la tierra no es tierra, sangre, miseria, sudor. Donde la huerta o paredón cuántas veces ha tenido que ser construida por las arremetidas del río o de los temporales, con cargas de tierra traídas a lomos de burros de lejos. Y donde la vivienda es pizarra, pared, choza familiar.
EL HONOR DE ESPAÑA
Para algunos las Hurdes, han sido durante largo tiempo, “la vergüenza de España”. Para otros encabezados, por aquel insigne hispanista francés que tanto amó a la región, Maurice Legendre: El honor de España: “Porque hay que ver –decía Legendre- lo heroicamente que han trabajado aquellos hurdanos para arrancar un misérrimo sustento a una tierra ingrata. Ni los holandeses contra el mar”
El hurdano pese a las crueles condiciones del medio –arañaban el suelo y todo era pizarra pedregosa- no se dio nunca por vencido ni quería abandonar su rincón.
Hoy que ha cambiado de mentalidad gracias a una mayor apertura de comunicaciones, repoblación forestal, luz eléctrica, teleclubs, centros sanitarios, escuelas, se ha elaborado el Plan Hurdes que es preciso realizar y que uno de sus principales objetivos es CONCENTRAR  en poblados esas minúsculas y míseras alquerías.

-Hasta aquí este artículo que teníamos escrito en la década de los años de 1960, después de haber recorrido toda la región hurdana a pie y haber convivido con  sus gentes, en compañía del amigo y  escritor  José María Requejo-.

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