EL CONCIERTO DE
LOS CANALONES
Cualquier época del año es buena para
visitar La Alberca.
Este singular y
privilegiado pueblecito que está a los pies de la Peña de Francia. Fiestas,
Navidad. Semana Santa,…
Pero hay un
tiempo muy tranquilo y sugestivo como son
los meses del Otoño- octubre y noviembre, especialmente. Las mañanas se
muestran frías. El calor del hogar agradable. Y bajan los rayos del sol,
lamiendo gotitas del rocío de sus altos peñascales y evaporando los rayos del
sol y humo de sus viejos y escondidos
rincones y tejados que siguen estando hermanados en el tiempo de sus
nuevos arreglos y construcciones.
La cercanía de
las montañas dan lugar a tardes
oscurecidas que invitan a la mujer de las Ánimas a que haga su recorrido no muy
en la noche.
Los días
lluviosos, las faenas del campo se paralizan pero no la recogida de frutos del
suelo de sus castaños, manzanos, nogales,…
Quizás algún
portón de una cuadra se entreabre para ver caer la lluvia y si hay ocasión un
cubo de agua, ya no tan precisos como antaño de los años cincuenta.
VER LLOVER
En sus calles,
en los altos de los balcones o en los salientes de sus tejados constituye un
concierto de lluvias; canalones que se desbocan, charcos y regatos que se
despeñan ente aceras de piedras de granito que emocionan.
Y dejan ver
pasar el tiempo, como un juego de tronos y troníos, canalones renegones y
cantarinos. Es el tiempo del tiempo que siempre pasa, nunca queda pero que
vuelve y va continuamente.
“Avemaría, a las
doce/ Las almas con gran fervor/ A las que
ruegan por ellas/ dicen “aquesta” ocasión”
CREPÚSCULO EN UN
PUEBLO DE CASTILLA
Vamos a ver cómo
nos sale este artículo que publicamos el 1 de noviembre 1973 en el Adelanto de
Salamanca y hoy amarillea el papel.



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