sábado, 14 de noviembre de 2015

LA ALBERCA EN 1911 –I V- PULIR EN LA ALBERCA





















LA ALBERCA EN 1911 –I V-
PULIR EN LA ALBERCA
“Pulir, en La Alberca, es colgar en balcones y ventanas ¡Y qué nobles son las colgaduras y  cuántos guapos ponen aquellas devotas mujeres! Una colcha de  color; encima una sábana de ancha puntilla; encima una toalla; encima un paño bordado y encima otro y otro, y así todas las calles.
Se oye el tamboril, y la procesión pasa por la plaza y entra por la calle del Tablado.
Dos largas filas de chicos, con el maestro a la cabeza; un pendón, varios estandartes, unas niñas vestidas de blanco, otras con su traje de fiesta y larga y flexible mantilla redonda a la cabeza, hombres con capa y “enguarinas”, el Santísimo, y detrás…detrás lo más interesante, lo más típico, lo más conmovedor: mujeres y mujeres del pueblo, todas con su larga mantilla; las más, con el rosario n la mano y rezando en alta voz (…)”En la calle del barrio Nuevo, un altar improvisado ante una fuente. La procesión llega , se canta el tantum ergo, que todos escuchan de rodillas y la procesión regresa al templo, en derredor del cual hay otros altares.”
EL ENTIERRO DE UN NIÑO
“Terminada la procesión pasa por la plaza el entierro de un niño. Cuatro chiquillas cubiertas, con la mantilla del país, llevan las andas, sobre las que va descubierto el pobre cadáver del niño, al que han adornado con algunas flores. Detrás siguen unas mujeres que nunca estarán más en carácter.
Bajo el baldaquino de la iglesia se dice el responso, se ofrenda un pan de libra y una vela, y sigue la conducción al cementerio.”
AL CAER LA TARDE
Al caer la tarde se organiza un animado baile en la plaza, luciendo las muchachas sus mejores galas. Durante un buen rato bailan las muchachas, mientras los mozos beben vino y charlotean a la puerta de la taberna.

Cae el sol y los mozos se envalentonan  protegidos por la oscuridad. Primero salen dos que llaman a dos muchachas y bailan con ellas tres mudanzas (bailes), luego otras y otros, hasta que el tamborilero repiquetea u galop y comienza la desbandada”.






















































































































LA ALBERCA EN 1911- I I I- LA IGLESIA


LA ALBERCA EN 1911- I I I-
LA IGLESIA
“Hermosa construcción de piedra granítica, construida probablemente a principios del siglo VXIII. A la entrada, un baldaquino  adosado al muro y otro en la puerta trasera.
En las pilas del agua bendita, dos grandes ramas de árbol y en todo el templo un fuerte olor a heno, que dan al lugar cierto aspecto de sencillez.
¿Sencillez? En el momento de entrar encontré en la iglesia unas cabras que iban de un lado para otro y cuando el sonido de una campanilla me hizo volver la vista, creyendo que decían misa en un altar próximo, vi que la esquila que sonaba estaba colgada al cuello de una cabra.”
“A la derecha del crucero la capilla de los Dolores, limpia y llamativa, por el número de espejos que hay en el retablo. En la nave principal un gran púlpito.”
VIS CÓMICA
“¿Qué tal por aquí? –Perfectamente. Al principio me sorprendieron, porque los encontraba extraños. Me decían cosas sorprendentes. Un día entro en una casa y me dice el dueño: ¿Va usted a estar aquí mucho? Le contesto que sí, y me dice: “M´alegro porque no vamos a estar domando potro nuevo todo el día” Me sorprende la comparación, pero la mujer interviene en seguida, rectificando amablemente:”Jabalín bruto, cállate que has “llamao” potro al señor médico…”
EL ALCALDE
El alcalde de La Alberca, Gerardo González, es sobradamente conocido en Salamanca.
Grueso, risueño, cayéndose de bueno, con la ancha bombacha, la corta chaqueta y la abultada faja, cuando viene por aquí, se le ve en todas partes, hablando siempre de su pueblo, gestionando algo que espera sea beneficioso; subiendo y bajando de las oficinas, hablando a los diputados y disimulando a fuerza de entusiasmo que es un cardiaco desahuciado.
Cuatro hombres así cambiarían la vida de la Sierra, con poca ayuda que le prestaran los representantes en Cortes”
LA PRIMERA IMPRESIÓN
“Es inolvidable. Cuando llevamos la retina llena de luz, entramos por unas calles estrechas y tortuosas, cada una construida en un plano distinto con inmensos corredores y enjalbegadas ventanas. El alero  de las casas de la acera izquierda monta a veces sobre las de la derecha.
Unas mujeres con blancos pañuelos cruzados sobre el pecho, se destacan violentamente del cuadro; y la luz, entrando difícilmente por algunos huecos, hace más fuerte los contrastes y más intensas las sombras.
Estamos en un país de hadas, en que no ha entrado la maldecida calle tirada a cordel, asombro de burgueses “materia-lotes” y castigo de cuantos piensen en algo más que en la belleza de la calderilla.”









































































































































































































































































jueves, 12 de noviembre de 2015

LA ALBERCA EN 1911-I I – -CALLES. CASAS. POSADAS.SALUDOS-



















LA ALBERCA EN 1911-I I –
-CALLES. CASAS. POSADAS.SALUDOS-
“Sigue contando Juan de Salamanca de sus viajes y estancias en La Alberca.
Nos hospedamos en la posada del teniente  alcalde Domingo Sánchez: una posada con honores de fonda”.
CASAS
“¡Qué encanto  el de estas casas de la sierra, que conservan tan netamente la tradición!
Una cocina con sus llaves, en la que el humo encuentra la salida después de columpiarse gran rato en la habitación. Una sala de cuyo techo penden buen número de calderos. Otra salita cuyas paredes están llenas de cuadros; arcas antiguas fabricadas de hermosas piezas de nogal; baúles cubiertos con paños de colorines;; un cómodo sillón, y clocadas sobre una mesa o pendiente de la pared unos adornos que lo mismo pueden ser obra de confitería que de joyero”.
CALLES. ¡AGUA VA!...
“Me levanté temprano y me eché a la calle. El pueblo acababa de despertarse y algunas mujeres regaban y barrían las puertas de la calle.
De tiempo en tiempo salía una mano por una ventana y arrojaba a la calle el contenido de una palangana. A veces  el brazo salía armado de otra cosa que no era palangana precisamente”
Es extraño –añadimos nosotros- que lo anterior sucediera en La Alberca pues por lo general el “¡agua va!” iba precedido por la voz como el relámpago en la tormenta anuncia el trueno. Que en algunas ocasiones se invirtieran los términos sería propio de algún juerguista desaprensivo o que algún transeúnte pasara algo colocado y aprovechara a hacer aguas menores en el rincón que estaba deshabitado. Y luego pasaba lo que pasaba.
SALUDOS
“Un mocetón que lleva el mulo del diestro, encuentra en la calle un amigo, a quién saluda con una pregunta original:
-Vas p´ahí?
-P´ahí vamos; contesta el interpelado, y la pregunta y la respuesta explican la vida de este pueblo, en que las gentes no se creen satisfechas con decirse un frío adiós.”
EL CACHITO DE LA CALLE
“Una muchacha barre afanosamente la puerta mientras canta. Canta la eterna historia, la historia de unos amores rotos, que tienen siempre el mismo estribillo.
Ya no voy a verte.
Mi madre me riñe.
Murmura la gente”

Juan de Salamanca fue muy observador porque en La Alberca siempre se ha cantado mucho. Al barrer la calle. Mientras se hacían las faenas de la casa. Y sobre todo cuando se lavaba la ropa en la poza, en el lavadero natural o en el río Rebuscando canciones nos vienen a la memoria de años ya posteriores “Yo tenía un cascabel/ que me costó un real/ y por la noche aquella/ morena mía / vámonos a acostar.” Y  sobre todo la letra de la dulzaina: “Quiere casarme mi padre / con un pulido pastor / no quiere que vaya a misa,/ tampoco a la procesión / quiere que me quede en casa/ remendándole el zurrón/ Él a reñir / y o a regañar  / y no le tengo / de remendar”.










































































































































LA ALBERCA EN 1911 –I- -LA PLAZA MAYOR-





















LA ALBERCA EN 1911 –I- (clic-aumentar foto)
-LA PLAZA MAYOR-
En sus viajes por los pueblos de la Sierra de Francia, Juan de Salamanca, nos da la opinión del visitante  de cómo era la Plaza de La Alberca a comienzos del siglo XX. Merece la pena que sigamos el texto detenidamente. Cuando sea preciso haremos algún comentario o explicación por nuestra parte.
“Volvemos al pueblo y nos sentamos en la Plaza típica y digna de atención como pocas.
(…) “Abajo, en la acera opuesta a nuestro asiento, una fuente con verja de hierro que la protege por el lado de la plaza. Por los otros lados, casas con soportales, bajo los que se ven algunas personas. A la izquierda, la casa Ayuntamiento y la cárcel que se revela por la enrejada puerta; a la derecha, el cuartel de la Guardia Civil y la escuela de niños. (…)
La escuela es amplia y bien ventilada y a la que sólo perjudica la enorme cantidad de cosas colgadas en las paredes.
Al bajar veo la taberna del pueblo, de soberbia entrada de arco, ante la cual charlan algunos hombres que beben.
En la planta baja del cuartel de la Guardia Civil, está el matadero y allí acuden niños y niñas a ver sacrificar las reses.
¡A DEGÜELLO!
Es: ¡A degüello! –explicamos nosotros, pues en una ocasión me preguntó una albercana
¿Qué era eso de a degüello que se decía años antes en La Alberca? Seguimos con Juan de Salamanca. “El espectáculo es verdaderamente inmoral. ¿Por qué permitir a los muchachos que acostumbren la vista desde niños a la efusión de sangre? ¡Sería tan fácil y tan beneficioso hacer estos sacrificios en un corral donde no se permitiera la entrada a los niños!”
No podemos hacer un comentario pues no conocimos este espectáculo que relata el autor, aunque sí  las clásicas matanzas que se hicieron muchos años en las calles de los pueblos y no las considerábamos como algo horrendo que no pudieran ver los niños.
(…)En la plaza, la animación es cada vez mayor. A la puerta de la taberna no falta nunca el grupo de hombres que se renueva lentamente. Sentados bajo los arcos desaparecen en la sombra, no viéndose desde mi asiento más que las blancas calcetas.
En diferentes sitios, grupos de jugadores tirados en el suelo, a los que sirve de mesa una  banasta invertida. Niños y niñas corren de un lado para otro; las niñas vestidas como las personas mayores y los chicos haciendo sonar los botones de la bombacha”

















































































sábado, 7 de noviembre de 2015

Y DESPUÉS DE UNAS FIESTAS DE RECOGIMIENTO -ORACIÓN A UNA SENCILLA PAPELERA-


















Y DESPUÉS DE UNAS FIESTAS DE RECOGIMIENTO
-ORACIÓN A UNA SENCILLA PAPELERA-
¡Pena! Que el ramo de flores
Acabe en la papelera.
Desvaídos sus colores.
Hojas mustias .¡Con lo que era!

¡Ánima! También seremos.
Un puñadito de tierra.
Menos mal. No nos veremos
Pues esta historia se cierra.

¡Reinas y alegres princesas
Que perdieron sus olores
Y ya las ves están presas
Marchitadas, sin sabores!

Caminante te lo pido
No dejes caigan en tierra.
Recógelas, buen amigo
Verlas así, ya me aterra.

Mételas en una caja.
Me da igual una bolsita.
Entiérralas. O haz migajas.
Que han perdido ya esa cita
Que con ellas se agasaja.

Reinas fueron de un momento.
Como tú y yo también somos.
O fuimos, que así va el cuento.
Quizás un juego de cromos.

Fotos de :Rosa Gómez